Esteban, primera parte

Entonces pensó que todo habría terminado, se alejó caminando hasta desaparecer entre la gente y los vehículos mientras él miraba su silueta que tanto había soñado de manera contraria a como la veía en aquel momento, siempre la visualizó acercándose a él para encontrarse con la mirada de complicidad que lo acompañaría, según pensaba, el resto de sus días. Ahora era diferente, las miradas se habrían esfumado después de tanto humo, el brillo de las pupilas desapareció como respuesta a la indiferencia rutinaria que ahogaba los sentimientos de pasión y libertad.

Sin saber cuál sería el camino adecuado, o al menos el menos peligroso, tomó con fuerza el trozo de papel que quedó de los últimos versos que había escrito y releído poco antes, dispuestos a confesar el infinito amor que no pudo ser correspondido, mucho menos comprendido y, después de haber pasado noches enteras ajustando la gramática y sintaxis, con orgullo pretendía entregarlo al adecuado; lo apretó como si fuera lo último que podría tomar, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas y su corazón daba vuelcos haciéndole creer que en ese momento saldría de su pecho. Tomó un poco de fuerza, tal vez de la vergüenza de encontrarse en un lugar con tanta gente, dio un paso con bastante dificultad como para hacerle pensar a cualquiera que estaría a punto de caer, sin pensarlo dio otro y, seguido de otro más, comenzó a caminar con la esperanza sobre su frente.

Mientras se encontraba frente a un camino desconocido pensaba en cómo empezó aquel sueño, podía ver con claridad la tarde de otoño en la que se conocieron frente a un espectáculo teatral al que ambos habían asistido sin alguna compañía sin saber que esa tarde saldrían del recinto con un acompañante lo suficientemente cómodo y simpático como para repetir aquella experiencia una y otra vez en diferentes escenarios; un café, una película, una comida, una cena, un baile y unas cuantas copas serían el marco de una relación tan divertida como riesgosa, tan prohibida como emocionante y, a pesar de todo, sabía que era la persona con la que quería compartir su tiempo.

Las lágrimas en los ojos le impedían saber hacia dónde caminaba exactamente, la neblina en su mente no dejaba que pensara en otra cosa que no fuera su rostro, aquella expresión inocente y sensata que al descubrir el brillo de sus pupilas lo hacía estremecer como un niño al ver su nuevo juguete de navidad; tuvo que detener su paso para lanzar un par de sollozos y caer hincado sobre la banqueta, el dolor era tal que no pudo contener el llanto que mojaba el trozo de papel que llevaba en la mano, las lágrimas desvanecían la tinta con la que estaban escritos los versos:

Comenzar a sentir que puedo a tu lado el mundo descubrir.

Empezar a soñar desplegando mis alas y aprender a volar.

Intentar explicar que tenemos la misma mirada especial.

Renovar, reinventar el silencio y usarlo al pensar.


... Continuará

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